Tengo miedo y lo admito. No puedo soportar esa sensación de incertidumbre al no saber lo que pasará conmigo, con mi vida. ¿qué seré? ¿lograré cumplir mis sueños? o ¿seré un simple mortal más, qué nadie recordará cuando muera?.
Todo el mundo espera demasiado de mi, esperan una reacción. Esperan que madure y que me de cuenta de que el camino que me empeño en seguir, muchas veces, es el camino incorrecto. Pero sigo prefiriendo ser un niño, ese niño al que no le importaba caerse o ensuciarse en el barro.
Todo es más fácil siendo un niño, suelo aferrarme a mi niño interior. Tengo miedo de que desaparezca, de que no vuelva a sentir curiosidad por nada, tengo miedo de dejar de sorprenderme con cada pequeño detalle que me rodea.
Sé que soy una persona fuerte y que puedo lograr las cosas si me las propongo, pero eso significaría trabajar y esforzarme para conseguirlo. Y esa opción no entra en mis planes ya que me he acostumbrado a que me lo den todo hecho, está mal y lo sé, pero tampoco intento cambiarlo. Es más cómodo así. Me quejo porque todo me aburre.
Puede que ya no tenga miedo y que sea más fácil para mí, creer que si lo tengo. Puede que sea hora de madurar, aprender de los errores y crecer. O puede que la mejor opción sea seguir siendo lo que soy, un niño salvaje.